Edmée Pardo
Escritora, lectora, maestra, voluntaria, bien humorada

Supersticiones


Dicen que la superstición es hija de la ignorancia. Yo no creo eso: en primer lugar, porque es de mala suerte no ser supersticioso, y en segundo porque las supersticiones hacen referencia a datos curiosos en la historia de la humanidad que me gusta recordar cada vez que hago algún gesto relacionado con esto.

Toco madera    para neutralizar todo mal pensamiento que cruza por mi mente. El asunto se remonta a la costumbre con los santos a la hora de su muerte. Cuando morían los hombres de fe, la gente peleaba por quedarse con un trozo de tela, un dedo, un órgano, lo que fuera del difunto, porque atribuían a la reliquia poderes milagrosos de protección y favores. Como Cristo no murió sino que ascendió al cielo con todo y túnica, la gente no tuvo ningún objeto material al que aferrarse, para compensar, la cruz en la que fue crucificado fue hecha añicos y cada astilla se convirtió en una reliquia. Así que había que tocar madera, la de la cruz de cristo claro, para invocar protección.

No recibo el salero directamente de otra mano, pido que lo dejen en la mesa y luego lo tomo. La sal es sustancia fundamental para todos los aspectos de la vida: práctico, metafórico, científico y esotérico. Se usa en la preparación de alimentos, para referirnos al sabor de la vida, para quitar las manchas de grasa, para absorber humedad, para trabajos de magia. Mi tía me enseñó a pedir que me acercaran la sal en lugar de que me pasaran la sal. Se trata de evitar el contagio de las desgracias y el dolor de otra persona a través de la sal, portadora de tantas energías, para no agriarnos la vida.

Pongo una escoba tras la puerta de mi casa, cuando salgo de viaje, como protección. La escoba es la varita mágica disfrazada en el mundo doméstico y el transporte idóneo para llegar a aquelarres. Por tanto poner una escoba tras la puerta de una casa con el mango sobre el suelo evita que lleguen espíritus no deseados porque la escoba avisa que hay bruja en casa. La abuela de mi madre echaba sal en el pelo de la escoba y la colocaba en posición invertida cuando quería que se fueran las visitas.

Cuido los espejos porque según la craptomancia –el arte de la adivinación por medio del espejo– la rotura del espejo anuncia la muerte. La imagen reflejada es el alma de quien lo utiliza y en consecuencia, romper el espejo equivale separar el alma del cuerpo y por ende pone nuestra vida en peligro.

No paso debajo de las escaleras como precaución. Cuando la escalera se apoya contra la pared forma un triángulo que la tradición popular identificó con el símbolo de la Santísima Trinidad y pasar por debajo de ese arco sagrado equivale a una trasgresión. Otra versión dice que cada escalera puede ser la representación de la escalera de Jacob, relatada en la Biblia, que se apoyaba sobre la tierra y tocaba con la cabeza los cielos, por donde subían y bajaban los ángeles de Dios y pasar debajo de ella era como tentar al mal.

Me cuido más los martes y viernes 13. Numerológicamente, el trece es la ruptura del doce, el número sagrado por el que se dividieron las horas del día y de la noche, los meses del año y los signos del Zodíaco. Se dice que el 13 trae mala suerte porque está fuera de los ciclos. El origen de la maldad atribuida al martes se debe a su asociación con el dios Marte. Por eso El martes, ni te casas ni en embarques, El martes ni hijo cases, ni cochino mates, El martes ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu ropa tajes. Pero con lo que más se relaciona el 13 como de mal agüero es con la última cena de Cristo que fue un viernes. De los trece comensales, en cuestión de horas, fallecieron trágicamente dos de ellos.

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