Edmée Pardo
Escritora, lectora, maestra, voluntaria, bien humorada

Las plegarias de mi boca


LAS PLEGARIAS DE MI BOCA, (cuento) México, Siglo XXI, 2005

Nunca se hará buena literatura si no se tiene un toque de músico y uno de artista plástico y gráfico. Edmée Pardo es dueña de un registro musical y visual en cada frase, y ésa es una de las razones de que su narrativa se escuche y se mire con nitidez y exactitud: una nitidez y una exactitud que son como superficies de agua profunda y fluida. Precisamente el agua es un elemento rector en este libro: las islas, los ríos, los lagos son espacios propicios para que los personajes descubran o simplemente padezcan aciegas las tensiones primordiales de sus vidas. Sólo que la autora es también sensible a la tierra y al aire: cuentos como El tren y El globo están destinados a todas las antologías de la narrativa mexicana del reciente siglo xxi. Ya el cuarto elemento, el fuego, habita a Edmée Pardo tanto como a sus criaturas: fuego de vivir, fuego de abrazar, fuego de intensa acción y para siempre.

El premio Internacional de Narrativa, organizado por la Universidad Autónoma de México, El colegio de Sinaloa y Siglo XXI Editores, alcanza con este volumen un prestigio irreversible.


Lo que dice Edmée

Sobre Las plegarias de mi boca

Cuando cumplí 10 años de haber publicado mi primer libro hice una antología personal de mis relatos. Había escrito entonces casi 70 narraciones cortas y me pareció que era momento de tener una mirada retrospectiva y panorámica de mi labor cuentística. Me di cuenta que el trabajo era disparejo: algunos textos tenían vigencia en mí, los reconocía como propios, con otros apenas me relacionaba. Varios no eran tan buenos pero los quería y otros eran mejores pero los sentía lejanos. Junté el material editado y el inédito, más de la mitad del libro no había visto la luz pública, quedó en un archivo llamado Cuentos 2003.

Por ese entonces había publicado un par de colaboraciones en la revista que dirige Carmen Villoro, Tragaluz, y acordamos como pago la suscripción a la revista. Leía con entusiasmo los ejemplares que llegaban a mi casa mes tras mes. Uno de los últimos números que recibí traía el aviso del vencimiento de la suscripción encartado justo en la página que anunciaba la convocatoria a un concurso de narrativa convocado por S.XXI editores, la UNAM y El colegio de Sinaloa. Las características del trabajo coincidían con aquello que había hecho meses atrás. Miré el archivo de nuevo, encontré que lo que había ahí era lo que de algún modo había invocado, exorcizado y evocado en mis primeros años de escritora. Lo bauticé como Las plegarias de mi boca y envié el libro al concurso.

Una mañana de viernes llamó a mi celular la secretaria de Jaime Labastida, director de Siglo XXI. Jaime me dio la noticia. Estaba contentísima con la novedad pero ¿cuál era el premio?, no lo tenía en mente, no lo esperaba, me dio pena preguntar. Cuando releí la convocatoria brinqué de entusiasmo: libro y dinero. Conocía de nombre a los miembros del jurado, pero no de todos su trabajo. Así que de la noticia a la premiación me dio tiempo de leer a quienes habían tenido la atención de leerme a mí.

El dinero lo usé ese mismo año en un viaje a Uganda. El libro se presentó el Primero de Marzo de 2006, en el salón de la Feria Internacional del libro en Minería. Federico Álvarez, Beatriz Espejo y Alberto Vital estuvieron al cargo de los comentarios.

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