Edmée Pardo
Escritora, lectora, maestra, voluntaria, bien humorada

Pasajes


PASAJES (cuento). México, Tava Editorial, 1993

Pasajes es el primer libro publicado de la autora. Dividido en tres partes: Pasajes del corazón, Pasajes de escritorio y Pasajes periféricos, reúne relatos que habían aparecido en la prensa cultural. En ellos están ya los temas que definirán a la autora y el principio del estilo que seguirán sus obras posteriores.


Lo que dice Edmée

Sobre Pasajes

Estaba en casa de mi hermana. Una amiga suya que la visitaba escuchó sobre mi que hacer mientras yo ponía a prueba un cuento mío al leérselo a mi sobrino Jorge de 6 años; el primo de ella, Luis Tapia Islas, era dueño de una editorial especializada en antropología y buscaba abrir una colección de letras. ¿Por qué no llevas tu libro?, sugirió. Pasajes había sido objetado previamente en una editorial importante y esperaba dictamen en otra. Temí el rechazo, pero eran más grandes mis ganas de publicar. Junté valor y fui a verlo. Dijo que sí. Fue el primer volumen de la colección de letras de TAVA Editorial, es mi primogénito.

Mis cuentos iniciales fueron publicados en revistas y periódicos. El Búho, suplemento dominical del matutino Excélsior, dirigido por René Avilés Fabila, fue aparador y punto de lanzamiento para que mis textos vieran luz y al mismo tiempo fueran vistos. De repente me di cuenta de que tenía material suficiente para un libro. Lo armé y empecé el peregrinaje de buscarle casa. Cuando finalmente la encontré establecí nuevas alianzas. La portada la hizo Carlos Gonzáles, un amigo de la infancia y talentoso diseñador gráfico. Las viñetas y letras capitulares las hizo Jorge Rossano, un artista del papel, amigo querido de una amistad heredada entre mis abuelos y sus padres.

La presentación fue en el auditorio del la librería El sótano de Miguel Ángel de Quevedo el miércoles 14 de julio de 1993 a las 19.00 horas. Presentaron Ethel Krauze, René Avilés Fabila y Agustín Cadena.

Así que con complicidades por todas partes finalmente salió mi primer libro. No recuerdo con exactitud porqué le puse Pasajes. Pero hoy que escribo esto veo que ese fue mi pasaje al mundo de los escritores publicados, mi rito de iniciación al mundo de la literatura.


Lo que dicen los expertos

Entre la soledad y la desdicha
Artículo publicado por César Aristides el 3 de octubre de 1993

Preocupada por la insatisfacción sexual-espiritual, la confusión de elementos dispares como la sensualidad y las calles; rodeada de arrebatos y sorpresas, sin medir/mediar en el peso de las mismas y sus resultados, a Edmée Pardo Murray le duele el vacío existencial, la lejanía de un tacto supremo en los extraños genitales de sus personajes, sin embargo, de estar agazapada en la contemplación surge de pronto, intempestivamente para platicarnos con peculiar candidez, deseos y visiones, frustraciones y anhelos, cotidianidades donde lo lúdico se aposenta con los individuos y los objetos, y nos muestra al deseo encerrado, murmurando instigador a la sensualidad.

En este su primer libro de cuentos estructurado en tres partes: “Del escritorio”, “Del amor” y “Periféricos”, nuestra autora goza o se conduele, participa en el razonamiento de hombres que idealizan a mujeres en avenidas prometedoras sin embargo solitarias, persigue la travesía de damas que celebran con ardor rituales eróticos; contempla con un gesto de tristeza la frustración de quien no puede desprenderse de la hostilidad de su rutina, la mujer que en el último momento carece de fuerzas para marcharse en un avión y superar la jodida crisis de pareja; al hombre apocado que decide por la llamada en tono de reproche de su mujer destrozar una opción amatoria, un sorbo cálido de otros muslos y brazos inscritos: en un recado… se desespera con una esposa por la demora del marido, temiendo que malogre los planes de un viaje inmediato, acrecentando la angustia por la descompostura del teléfono, y reniega, llora y maldice, se hunde en la pesada situación de asumir su impotencia. En otro momento obliga a un hombre, después de haber cometido un asesinato, a esperar la hora exacta de su cumpleaños número 32, mientras lo abruman la duda y la soledad, aunadas a recuerdos del crimen y de la infancia; narra la conversión entre mítico y salvaje de una preciosa adolescente ultrajada y convertida por los excesos en una puta a la manera de las más desgraciadas mujeres fatales; con gracia describe la forma en que un libidinoso dibujante adquiere conciencia social al involucrarse –observando de paso mujeres exquisitas– en un rodaje fílmico; finalmente nos habla sobre la impaciencia y latente obsesión depresiva que le producen los relojes a una mujer, acotando aspectos trágicos en su época adolescente mientras nos transmite por medio de su tic tac insistente de vivencias, el atosigamiento que le produce su reloj/tormento interno…

En tono sencillo y correctamente descrito donde resalta la anécdota inocente, con un estilo franco y eficaz, Pasajes nos incita y nos guía en sus laberintos de risas –en ocasiones involuntarias– y sus senderos de desconcierto, nos traslada de la histeria al sosiego, de la penumbra donde la líbido forja sus fantasmas al colorido de habitaciones o recuerdos que motivan a solemne reflexión y –¿por qué no? hasta la soledad y el desamor…

La virtud de la brevedad
Artículo de Federico Patán publicado en Sábado el 28 de agosto de 1993

Los cuentos que Edmée Pardo Murray (DF, 1965) fue publicando, en la prensa cultural hallaron, finalmente, acomodo en un volumen breve: Pasajes. Allí leídos unos y vueltos a leer otros, crean una expresión de conjunto muy positiva. Examinemos las causas de tal impresión. Dividido el material en tres apartados —”Del escritorio”, “Del amor” y “Periféricos “—, examina justamente lo que cada título adelanta. Así, la obligación de escribir un texto determinado sirve de eje al primer grupo; un examen del amor en sus varias posibilidades sustenta al segundo apartado y el tercero incluye lo misceláneo.

Pese a ello, todos los cuentos examinan con finura algún aspecto de la conducta humana. Son narraciones que se introducen en la mente del personaje protagonista y le auscultan sus modos de pensar, su manera de enfocar el mundo. Lo fascinante del proceso es que la mente humana tiene peculiaridades muy suyas, que Edmée capta y ofrece al lector con sutileza. En estos cuentos todo parte de la mirada. La mirada del personaje central se engarza a la presencia de otra persona, la vuelve obsesión, la acosa en el proceso de verse acosada por esa figura, y de la obsesión va surgiendo la necesidad de transformar la vida propia, de modo que se dé acomodo al nuevo objeto de deseo.

Así, estamos anta una literatura de la seducción, en a cual no hay recatos indebidos en la exposición de ciertas oscuridades. Véase uno de los mejores cuentos del conjunto: “Sombra”, donde la soledad de la protagonista encuentra alivio en fantasías sexuales que utilizan el entorno para darse vida. Esa soledad traspasa de miedo e muchos de los personajes, que entonces se doblegan a una situación dolorosa
con tal de no perder la compañia que tienen. Los narradores de Edmée no califican, no emiten juicios, no lanzan anatemas. Se limitan a observar y a dar un informe de lo visto. Y sin embargo, revelan intimidades que se diría imposibles de conocer. Esto se consigue mediante una prosa de enorme eficacia. Hecha de oraciones cortas, precisas, encuentra siempre un modo económico de expresar lo que esta sucediendo. “La magan de Eladio empieza a habitarla” es un buen ejemplo de esto; otro, “Anselmo la observa meticulosamente. Sus pupilas peregrinan curiosas por Camila..,” Una prosa que concentra significados. Además, una prosa que sabe de ritmos. Véase en “Baño” cómo el proceso gradual de la limpieza diaria establece una otra realidad.

Esa capacidad de crear una otra realidad es de los rasgos más valiosos en el libro de Edmée. Por ejemplo, un personaje que imagina conductas para otros protagonistas termina siendo objeto de lo que ésta determina; los cuentos realizan con destreza el paso de uno de estos universos el otro. Con frecuencia notable el victimario se transforma en víctima.

Edmée estructura con malicia sus cuentos. Sabe ir revelando lo indispensable para que el texto avance intrigándonos y no es infrecuente que dé a sus tramas un final sorpresivo: así ocurre en “La espera”, “Elena se ve de viaje” y “Feliz cumpleaños” entre varios más. Este sentido de la estructura permite que “En no sirve el teléfono” la angustia de la protagonista encuentre el mejor apoyo narrativo en el lento transcurrir de una espera.

El universo que Edmée propone está lejos de ser placentero. Sus personajes se ven acosados por todo tipo de hostigamientos, acechanzas o violencias. A ello se agrega que la autora infiltra en su prosa un sentido del humor subterráneo y malévolo, que adensa la situación de por sí conflictiva de los actores. Todo lo que hemos venido diciendo apunta a una conclusión ilusión muy fácil de hacer: Edmée es una buena cuentista. Sobre todo una cuentista que ya ha creado un mundo nítidamente personal.

Los cuentos del libro no fueron hechos como tarea
Artículo de César Güemes publicado en El Financiero el martes 13 de julio de 1993.

A las 19 horas de mañana en la librería El Sótano-Coyoacán, René Avilés Fabila, Ethel Krauze y Agustín Cadena presentarán, junto con su autora, Edmée Pardo, el volumen de cuentos Pasajes, publicado por Tava Editorial. Esta es la voz de la escritora.

– Pasajes resulta, desde el título, más evocativo que directo en su contenido. ¿Está de acuerdo?

– Creo que esto responde a que los textos que aparecen ahí no fueron pensados con la idea de formar un volumen, sino que una vez elaborados me apareció todo el material disperso y lo agrupé en el libro. De ese modo yo quería buscar un título que los englobara. Pienso que, en efecto, los cuentos reunidos son verdaderos Pasajes. Hay evocación hacia el interior de los textos y de cómo fueron construidos.

– Cómo fue este proceso de edificación de un libro de cuentos.

– Pasajes fue escrito a lo largo de dos años, sin el objetivo, de ser vistos juntos. Finalmente encontré que había dos temas recurrentes: los Pasajes del erotismo y los del escritorio o la escritura, más otros que no caían en ninguna de estas dos vertientes, los Pasajes periféricos. La mayoría de estos cuentos fueron publicados en El Búho y eso me dio alguna distancia. Verlos editados me parece como una etapa de la corrección. Ya impresos los errores te saltan más a la vista. Una vez corregidos, y aunque no tenían mucho tiempo de haber sido escritos, los doy a conocer como libro.

– Las tres subdivisiones de Pasajes son, pues, temáticas, más que formales. El cambio estriba sólo en lo que dice en el cuento…

– Claro. Y diría que obedecen más a la temática que a la voz. Siento que hay unos en los que predomina una voz poética y otros en los que es más narrativa. Ya teniendo los 20 cuentos me preguntaba cómo los iba a presentar: o por voces o por temas. Me incliné por la segunda posibilidad, ya que en mi trabajo de escritura es común que aborde tanto lo que se refiere a las formas de escribir como al amor sobre todo en el área erótica. Ahora, en el apartado de Pasajes periféricos me parece que están los textos que tienen más personalidad, donde cada uno adquiere un sabor particular. Y como no tenían una temática común más que la característica de ser los más individuales, es que aparecen así.

– Sin embargo, desde el punto de vista de la autoría, debe ser posible encontrar un punto de unidad entre las mismas divisiones…

– Hay una unidad en cuanto al tiempo en que fueron escritos: todos pertenecen a un primer periodo. Creo que algo interesante o criticable de Pasajes es que hay movimiento en el sentido de que es disparejo. Hay unos cuentos que, en mi opinión, están muy bien terminados y otros que no tanto. Hay unos que tienen la propuesta en la estructura y otros que no. Creo que la unidad podría ser precisamente la movilidad del pasar, del andar, que es continuo. Para seguir con la metáfora: si uno caminara por este libro, andaría por distintos sitios, y sería un andar si no veloz por lo menos muy movido.

– Cómo resulta el tránsito por la Escuela de Escritores de la Sogem, tiempo en que se escriben estos textos, ¿funciona de verdad esa estancia?

– Funciona dependiendo de tus necesidades. Mi idea al estar en la escuela no era tanto el aprender a escribir porque eso se da en tanto se escribe y no en tanto que asiste a clases. Funcionó lo de la Sogem en el sentido de que te permite relacionarte con personas, oír nuevas propuestas, saber qué es lo que está sucediendo y entrar a lo que sería la cascarita del ajo. Esto me pareció muy interesante y resultó une vivencia que se apetece y que agradezco. La Sogem funciona como escuelita: hay un director, maestros, asistencias, exámenes y evaluaciones. Si uno decide jugar el juego de la escuelita pues uno es el alumno, el director es tu papá y el maestro es el tutor. Ahí conocí a René Avilés Fabila y me dijo que mis textos estaban listos para publicarse. Existe, pues, un proceso de creación y una presión para hacerlo. Los textos del libro no fueron hechos como tarea. Lo que sucede es que se da un ambiente muy febril, como de territorio liberado, donde todo mundo está haciendo algo, todos están muy preocupados y entusiasmados. Y eso es algo que se contagia. El escribir 20 cuentos en año y medio habla del entusiasmo de hacer muchas cosas.

– Sin embargo ya la escuela quedó atrás y existen otros proyectos de escritura en proceso…

– De hecho en Sábado tengo la sección Lotería: a cada naipe le escribo una viñeta. Mi idea es que sea algo muy diverso, no sólo en lo gráfico, sino en lo que digo al respecto. Esa labor es constante porque me exige por lo menos una entrega a la semana. La novela corta es otro asunto, escrita a partir de un curso que tomé con Sergio Pitol. Y ciertamente ahora trabajo en otro libro de cuentos.

– En qué consiste, para finalizar, la distancia de los textos de Pasajes a los de hoy.

– Quizá tiene que ver con la seguridad que te da el tiempo. Cuando escribí Pasajes sentí que todo estaba muy padre, y al verlo publicado ya no me parece así. Tal vez en el momento en que se editen los textos de hoy me voy a sentir igual de distinta con respecto al momento de escribirlos. Ahora creo que de Pasajes cinco cuentos son muy padres y 15 me pregunto para qué haberlos publicado. Pero eso es algo que no creía hace medio año.

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