95. Leer en la menopausia o de plano no leer

 
 

Leer en la menopausia o de plano no leer

Sabemos del bajo índice de lectores en el país. Sabemos también que a quienes leemos se nos pregunta si entendimos, qué entendimos y para qué nos sirvió. Sabemos, y nosotras somos testigas, de que en ese reducido número de lectores y entendientes nacionales, la mayoría somos mujeres. Pero si a ese pequeño grupo se le atraviesan los cambios hormonales, hay que decir que leer, a cierta edad, puede volverse una tarea cuesta arriba: casi antiestadística, casi contra natura.

Primero entendamos la complejidad biológica del proceso lector. Cuando abrimos un libro, la corteza visual reconoce letras y palabras. El lóbulo temporal procesa el sonido del lenguaje; el lóbulo parietal integra la información visual y auditiva. La corteza prefrontal, por su parte, permite comprender, relacionar, reflexionar. Es decir, un trabajo cerebral y neuronal de altísima precisión, que además requiere de alimentación adecuada en carbohidratos y grasas. Con respecto al sector femenino, las neurólogas explican que el cerebro de las mujeres se recablea en tres momentos de revolución hormonal: la menstruación, el embarazo y la menopausia. En cada uno de ellos se modifican funciones cerebrales clave y el trabajo de alta precisión pierde sincronía.

En el caso de la menopausia es fácil señalar al culpable, el estrógeno. Esa hormona esdrújula y sonora que es valiosísima pues influye en la producción de serotonina y dopamina, promueve la formación de nuevas sinapsis, fortalece las conexiones neuronales, participa en la neuroplasticidad y la función cognitiva. En la menopausia los niveles de estrógeno disminuyen de forma notable. Sin estrógenos, la atención, el aprendizaje y la memoria se vuelven más frágiles. Si ya de por sí leer es una experiencia efímera, cuando entramos en la periferia —o en el centro— de los cambios hormonales de la menopausia, a veces ni siquiera recordamos lo que acabamos de leer dos páginas atrás.

Si a esto se suman el insomnio o el sueño interrumpido, frecuentes en esta etapa, que derivan en fatiga mental, estar cansadas y deshormonadas es una combinación muy triste y que poca alienta a la lectura. Cada página pesa más. Las palabras parecen escurrirse entre los dedos sin dejar rastro. La lectura, que antes era refugio, gozo, brújula, curiosidad, viaje, sorpresa, se convierte en una línea plana e incomprensible.

Me gustaría hacer uso de mi optimismo y decir que esto es una invitación a explorar otros géneros, a alternar con el audio libro. Que este cambio podemos entenderlo como parte de una transformación permanente, celebrar que la experiencia lectora se adapta, se desplaza, se reinventa. Y sí, es así, pero para mí fue sobre todo una invitación directa al reemplazo hormonal bioidéntico, a llevar una dieta de luz para respetar el ciclo circadiano, a hacer gimnasia cerebral con los dedos de las manos, a regresar a la emulsión Scott por aquello del omega 3, y a llevar un diario de lecturas. Claramente no leo como antes de la menopausia, pero la verdad es que tampoco quiero leer así, sino bajo esta nueva fórmula que además me permite entender otras cosas de nosotras.

Edmée Pardo para Opinión51

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